La mujer y la ira

15.09.2018

La ira es una emoción que te indica que has sido herid@, que estás viviendo algo que realmente no quieres, que tus necesidades no están siendo satisfechas o que hay algo en tu vida que sientes como injusto. La ira también puede ser una señal de que estás dando más de lo que recibes en una relación (de pareja, laboral...)

Algunas terapias se basan en la creencia que la mera expresión del enfado es sanadora. Hoy sabemos que "descargar" la ira no soluciona el problema y además podría contribuir a mantener los patrones de relación que perpetúan aquello que quieres cambiar.

Teresa Bernadez, Harriet Lerner y otras importantes psicólogas llevan más de 30 años investigando como las mujeres han sido educadas para reprimir dicha ira y como romper dichos patrones de relación oprimida con los demás.

La expresión directa de la ira en la mujer, especialmente hacia los hombres, se ha considerado inapropiada en muchas sociedades puesto que tradicionalmente la mujer ha sido educada para nutrir, estabilizar, mediar...Afortunadamente esto está cambiando pero queda mucho trabajo por hacer.

Si sientes habitualmente enfado, ira o "cabreo" en tu día a día, no debes preguntarte si es lícito que te sientas así, porque preguntarte por ello es una forma de silenciar la opresión que genera una sociedad machista. La ira no es lícita, ni ilícita, sencillamente es y viene a significar que algo necesita ser cambiado. Así que no te sientas culpable si te asalta el profundo sentimiento de enfado. Es un mecanismo del patriarcado.

El problema es que la expresión ineficaz de la ira te genera el mismo sufrimiento que el silencio por no atreverte a expresarla. Pero entonces ¿Qué hago con mi enfado?

  • Hay quien expresa la ira mediante el enfrentamiento, la queja y la acusación, lo que dificulta que se produzca una resolución constructiva porque provoca conflictos estériles difíciles de resolver.
  • Hay quien procura evitar el enfado y el conflicto a toda costa, agradando y siendo complaciente, pero acumulando ansiedad, frustración y opresión.
  • Hay quien intenta de cualquier manera que "el otro" cambie, educándolo sobre como tiene que hacer las cosas para reequilibrar la relación.

En cualquiera de los tres casos perpetúas una dinámica de no-cambio.

La ira es inevitable cuando sientes que en tu vida cedes habitualmente, cuando te responsabilizas de las reacciones de los demás o cuando no velas por tu propio desarrollo personal o profesional.

Algunas mujeres, por tanto han aprendido a quejarse, pero sin que se produzca un verdadero cambio en sus vidas, cuando en realidad la ira te puede servir para reunir el coraje suficiente para definir lo que es apropiado y justo para tu vida, sin sentirte culpable o egoísta.

La desindividualización en la pareja.

El conflicto llega cuando haces más concesiones de las que realmente deseas, especialmente en la relación de pareja y asumes como "negociables" aspectos que por la educación recibida damos por hechos. Por ejemplo, recuerdo en una entrevista de selección de personal que la entrevistadora le pregunto a varias mujeres candidatas sobre sus cargas familiares a la hora de viajar y obvió dicha pregunta en los candidatos hombres limitándose a preguntar si podían viajar. Este es un ejemplo de como damos por "sentado" que la mujer va a "cargar" con l@s hij@s y es un ejemplo de sobrefuncionamiento. Tal vez sientas que estás sacrificando parte de tu carrera profesional para que tu pareja ascienda en su empresa. Pero también es posible que tu pareja haya aprendido que debe "matarse a trabajar" en lugar de disfrutar de la crianza y entonces es tu pareja quien sobrefunciona en el aspecto laboral. Esto es la desindividualización: Dejar de ser quien eres y reconocer lo que realmente necesitas fruto de la educación estereotipada.

La desinvidividualización se produce cuando sobrefuncionas afianzándote en un papel determinado. Para sobrefuncionar debe haber otro que infrafuncione, originándose una relación disfuncional y de la cual ambos sois responsables.

¿Cómo romper esta dinámica?

-Averigua como otras mujeres de tu familia (madre, hermanas, tías...) repiten patrones de relación que tu realmente quieres cambiar. Es más fácil ver patrones en los otros que en ti, aunque seguramente tú estás heredando dicho patrón. Identificarlo te ayudará a cambiarlo.

-Dedica tiempo a pensar acerca de lo que quieres en realidad, reflexiona sobre ello, clarifica tu postura.

-No esperes la aprobación del otro, pero expresa como te sientes, que necesitas y que decisiones novedosas has tomado acerca de tu vida. Nada de acusar, diagnosticar, sermonear...son formas en que la ira se perpetua.

-Expresa lo que necesitas de forma concreta. Habla en primera persona.

-Evita cambiar al otro. No es el otro quien tiene que cambiar, sino que eres tú quien necesitas tomar tus propias decisiones acerca de lo que realmente quieres. La única que persona a la que puedes cambiar es a ti misma.

-No discutas. Utiliza la energía de la ira para ocuparte de tu vida. En ocasiones la ira la dirigimos a discusiones sobre cuestiones que no son el verdadero problema. Y no ataques si hay demasiada tensión, espera el momento oportuno.

-Reconoce que cada persona es responsable de su conducta. No le digas a la otra persona lo que piensa o siente (en realidad no lo sabes) y tampoco lo que debería sentir o pensar.

-Prepárate para contraataques. No te responsabilices del malestar del otro acerca de las decisiones tomadas, pero debes entender que generará mucha ansiedad en el otro pensar que has cambiado hasta el punto de que puede llegar temer tu perdida. Acláralo, escucha que el otro puede sentir miedo de ese cambio, pero no hagas "su trabajo emocional" sobrefuncionando de nuevo. Mantente firme.

-Distingue entre privacidad y secretismo.

-Negocia sobre la forma pero no sobre el fondo. Cuestiona que lo que damos por hecho que una mujer tiene que hacer.

Conseguir que una relación funciones precisa de encontrar el equilibrio entre el individualismo (yo) y la unión (nosotros)

Feliz Viaje.