Como funciona la terapia

¿Cómo funciona una terapia? ¿Que pasa dentro de la consulta de un psicólogo? Son muchas las personas que siguen teniendo miedo a ir a terapia. Luego cuando van, suelen manifestar que ojala hubiesen tomado esa decisión antes.

Un proceso terapéutico te ayudará a afrontar de otra forma los problemas, a buscar soluciones, a sentirte mejor contigo mism@ y con los demás. Aprenderás formas de resolver conflictos y a sentirte más empoderad@ frente a las dificultades.

Pero son muchas las personas que siguen teniendo miedo a ir terapia. Piensan que esto no es para ellas, que es caro o que es una pérdida de tiempo. Esta es la segunda parte de la entrada ¿Cuando necesito un terapeuta?

¿Cómo funciona una terapia?

Si hablamos de un proceso terapéutico estamos hablado de sanación. Pero no de un concepto de sanación como algo opuesto a la enfermedad. Las personas acudimos al gimnasio o hacemos dieta sin que necesariamente estemos enfermas y este es un concepto que cada vez se incorpora más a la terapia. Así que plantéatelo desde este punto de vista. Si cuidas tu cuerpo ¿Por qué no cuidar otros partes de ti?

Cada terapia responde mucho al estilo, escuela y personalidad del terapeuta, así que resulta muy complicado establecer generalidades de cómo funciona un proceso terapéutico.

Desde mi punto de vista un proceso de terapia supone desarrollar el poder que tienes para ser capaz de hacerte cargo de tu vida. Sanar no es tomar y depender de un medicamento para siempre. Así que la terapia tiene un principio y un fin. Sanar es ayudarte a recuperar tu fuerza vital para poder superar en mejores condiciones crisis actuales o futuras.


Personalmente considero algunos elementos esenciales que deberías encontrarte en un proceso de terapia.

1. Escuchar. Debes sentirte escuchad@. Eso significa un terapeuta no va a emitir ningún juicio, evitará posicionamientos y se dedicará al principio solamente a escuchar. Escuchar es un acto de amor. Estoy aquí para ti. Muchas personas al principio sienten, un gran alivio, de poder compartir con alguien sus problemas o dificultades.

Así que no esperes encontrar en el terapeuta una respuesta a tus preguntas en las primeras sesiones. La solución la tienes solo tú.

2. Ser espejo. Una vez te sientas confortad@ se inicia la fase de diagnóstico. En terapia te encontrarás a ti mism@. El terapeuta te irá devolviendo una imagen de ti lo más real posible, así serás tú quien decida qué aspectos cambiar y cuáles no. ¿No te has encontrado nunca con una persona a la que todos consideran una imbécil pero en cambio ella tiene una imagen de sí misma completamente diferente? Difícilmente podrá cambiar y seguirá sin entender porque el mundo la trata así.

No se trata de que vayas a terapia para que te cuenten 4 verdades, sino más bien que tú puedas participar en el diagnóstico de forma activa. No somos los terapeutas quienes sanamos a las personas, son las personas las que se sanan pero un terapeuta te va a ayudar a que entiendas realmente que es lo que te pasa.

Si acudes, por ejemplo, a terapia porque padeces de ansiedad, un mal terapeuta te enseñará directamente técnicas de relajación (bueno, bonito y barato) pero un buen terapeuta te servirá de espejo para que entiendas el origen de esa ansiedad. Me he encontrado con personas que sufrían de ansiedad durante años por no reconocer su homosexualidad o por no querer enfrentarse a una separación emocional en un matrimonio tradicional. Su ansiedad había disminuido con dichas técnicas pero eran profundamente desgraciados en sus vidas y no entendían el porqué mientras seguían compraban libros de autoayuda.

Así que una vez hemos profundizado en el diagnóstico es importante determinar unos objetivos a conseguir.

3. Dar poder. Después de ser espejo de la persona, puedo propiciar que recuperes todo tu poder. Es mostrarte la imagen de lo que podrás llegar a ser, visualizar el cambio posible. Tras enseñarte que eres una semilla, podemos empezar a ver que en realidad eres un árbol en potencia. Para que una semilla sea un árbol, necesita agua, tierra, sol...y todo esto es importante pero lo más importante que sin esa semilla nunca tendremos un árbol, por esto todo el poder lo tienes tú, que no te engañen. Esos objetivos se empiezan a visualizar. No se trata que crees en el terapeuta. ¿Como puedes cambiar si no crees en ti? Nos pasamos la vida intentando cambiar. Tal vez sea más importante primero aceptarte más que intentar ser alguien que no eres, pero eso no significa que veas todo tu potencial.

4. Reactivar el poder. Reconectarte la vida, con el ciclo natural por el que vuelves a estar en equilibrio con el mundo. Trabajar la toma de conciencia que te permitirá darte cuenta de los mecanismos de bloqueo que has establecido y tratar de que descubras otras formas diferentes de hacer las cosas, de afrontar los problemas, otras estrategias concretas, pero siendo tu mism@. Descubrir no lo que te pasa, sino lo que necesitas. Mucha gente no sabe lo que necesita y es infeliz. Saber lo que uno quiere es el comienzo para probar formas diferentes de conseguirlo.

En este momento empezarás a aprender técnicas, estrategias y nuevas formas de hacer las cosas y al mismo tiempo dejarás de dar respuestas ineficaces a los problemas de siempre.

Es muy importante que todo esto lo vayas trasladando a tu vida diaria y en todos los ámbitos, trabajo, familia, pareja... Ahí es donde podrás comprobar los avances que consigues. Habrá gente que estará en contra de estos cambios, pero seguro que hay otros que te apoyarán. Es la fase de la valentía porque la consulta deja de ser un refugio y te toca enfrentarte a la vida que hay ahí fuera.

5. Compasión. La empatía es la capacidad que tenemos para ponernos en el lugar de otra persona, para entenderla. Pero la compasión va más allá. La compasión es lo que nos permite no juzgar, aceptar y ayudar. La compasión es el convencimiento vital para atender y buscar una solución a quien ayuda, sin establecer diferencias entre unos y otros. La compasión ayuda a cicatrizar las heridas. La compasión ayuda a la auto-aceptación final que permite desvincularte del terapeuta, terminar el proceso y seguir viviendo.

Las terapias pueden durar unas pocas semanas o varios meses, pero si te encuentras estancado cambia de terapeuta o trata de poner un final. Has llegado hasta un punto y de momento no parece que puedas o quieras ir más allá.

Un aspecto muy importante es que el terapeuta no te trate como una víctima, sino como una persona responsable de tu proceso. Un buen terapeuta sabrá romper la dependencia y ayudarte a caminar por ti misma.


Como madre, padre, amigo, pareja,...cumplimos funciones en las que a veces necesitamos ayuda. La terapia ha marcado un antes y después en la vida a millones de personas que han aprendido y entrenan a ser más felices. Decidieron, en un momento, hacer un alto en su viaje y revisar todo lo que llevaban en la mochila y hoy caminan ligeros y en buena compañía.

Feliz Viaje.